Crónicas de Hurlingham: El ñangapirí o eugenia uniflora
EL ÑANGAPIRÍ DE DORA
Un texto de Gladys Águeda Coviello
Este árbol autóctono, que está ubicado en la plaza Ravenscroft cercano al monumento de la madre, esperaba su lugar en la revista hasta que al conocer a la dinámica vecina Dora Gill, le llegó su turno. Hace más de diez años recibió como regalo de Dionisio, un amigo paraguayo, un ñangapirí que había traído desde el Paraguay. Dora, con sus luminosos 93 años, me conduce hacia su prolijo jardín para presentarme a su ejemplar y con orgullo me dice que es su nombre en guaraní y que también se llama pitanga. Un nido de palomas habita el centro de su ramaje. Han dejado algunos frutos, esos minúsculos globos marcados en surcos. Me aclara que sólo puede probar los de las ramas bajas porque los pájaros, en cuanto los ven maduros, se los comen.
En ñangapirí pertenece a la familia de las mirtáceas. Este árbol pequeño puede llegar hasta los 7 m de altura, pero es más frecuente encontrarlo como arbusto en los bosques de la región norte de nuestro país. También es autóctono en Paraguay y Brasil. Llegó hasta Asia llevado por mercaderes portugueses. Allá es cultivado en las regiones tropicales con fertilizantes abundantes en fósforo y mucha humedad por lo que se obtienen frutos de mayor tamaño para industrializarlos.
Al ñangapirí le gusta habitar lugares húmedos a orillas de los bosques. Aprecia el sol y sufre con las heladas. Se han encontrado ejemplares en tierras altas hasta los 1.750 sobre el nivel del mar.
La corteza tiene un diámetro que va desde los 20 a los 30cm y se desprende en placas que dejan ver la nueva de color más claro con dibujos irregulares.
Las hojas son simples, opuestas y aovadas-lanceoladas de 2,5 a 5cm de largo de color verde brillante y el envés más claro. Como tienen glándulas oleosas aromáticas, al frotarlas despiden el aroma especial de su especie. Al brotar tienen reflejos broncíneos y antes de caer adquieren tonalidades rojizas que embellecen al árbol.
Las flores abren en primavera. Son hermafroditas y se reúnen en grupos de hasta 7. Tienen la corola blanca con 4 pétalos y numerosos estambres.
El fruto es una pequeña baya globosa primero verde, luego naranja y púrpura brillante al madurar. Contiene una o varias semillas duras de color castaño oscuro y la pulpa es comestible. Se recolectan con las manos que al tocarlos deben caer porque si se arranca el fruto sin madurar tiene sabor resinoso.
En los bosques donde habitan muchos ejemplares estos árboles hacen las delicias para chicos y pájaros.
El botánico Augusto G. Schulz afirma que: “esta deliciosa frutita, la más popular del litoral del Paraná, puede ser comida sin reservas pues no acarrea ningún daño. Sirve también para preparar dulces y licor”.
Sus bondades son numerosas. En Corrientes preparan un delicioso licor macerando los frutos en aguardiente. Se elaboran vinos y vinagres y se hacen jaleas y conservas muy valoradas por contener vitamina A, calcio y fósforo.
Con la madera se fabrican cabos de herramientas y varas para soleras.
Las hojas son usadas en infusiones por sus propiedades diuréticas, digestivas y antidiarreicas. Con la corteza se hacen preparados para gárgaras que alivian las anginas y afecciones de la garganta. Sus virtudes medicinales son tan eficaces como los antibióticos, pero sin tener los inconvenientes que a veces traen los medicamentos de laboratorios.
El ñangapirí se reproduce por semillas y esquejes y luce muy bien en jardines amplios como arbusto ornamental que alegra el otoño cuando sus hojas verdes oscuras pasan al rojo cobrizo antes de caer. HCXC
Contacto: coviellogladysagueda@yahoo.com.ar
Foto: Dora en su jardín. Atrás se ve el ñangapirí, hay otro ejemplar en la plaza, cerca del monumento a la madre.
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