CRÓNICAS DE HURLINGHAM
LOS TRISTES NARANJOS AGRIOS
DE NUESTRAS VEREDAS

Un texto de Gladys Águeda Coviello.

En 1754 un cirujano naval escocés, James Lind, descubrió que podía evitar el escorbuto que se apoderaba de los marineros durante las largas travesías a través de las limas, naranjas dulces y especialmente de las agrias. Cuando los campesinos se ubicaron en las ciudades por el auge de la revolución industrial, los niños empezaron a padecer alteraciones óseas, los huesos se convertían en cartílagos y demoraban en gatear y sentarse. Además sufrían espasmos dolorosos y náuseas, síntomas que no existían entre los habitantes de la campiña. Los médicos concluyeron que se debía a la deficiencia de la vitamina C que se encuentra en óptima calidad en las naranjas, especialmente en los citrus bigardia o naranjas amargas.
El origen de estos nobles árboles, que nacieron en el sudeste de Asia, se remonta a más de 20.000 de años. Las variedades que conocemos se deben a determinadas hibridaciones naturales o producidas por el hombre.
Los movimientos migratorios tales como los producidos por las campañas de Alejandro Magno, las Cruzadas, la expansión del Islam o el descubrimiento de América, diseminaron los citrus por el mundo.
Los naranjos necesitan ambientes húmedos, requieren agua y son ávidos de luz para producir mejor floración y fructificar en abundancia. Se reproducen por semillas pero son mejores los injertados.
Las variantes cítricas se han usado siempre para embellecer jardines y calles. Un ejemplo es L’ Orangerie, clásico jardín francés de naranjos que se mantiene impecable en la planta baja del sofisticado Alvear Palace Hotel. Ese lugar está destinado a almuerzos inolvidables.
Los naranjos de nuestras calles están debilitados por pulgones que extraen la linfa y por cochinilla que segregan sustancias que utilizan para la protección del insecto y es debajo de ese amasijo donde ponen huevos. Además producen melaza, un líquido azucarado responsable de las colonias de hormigas que los visitan y contribuyen a debilitar a la planta. Asi están casi todos los ejemplares de las calles Garay, Cavour, Alfaro y O'Higgins.
En algunos ejemplares, los hongos ubicados en la base del tronco, los deshidratan y pudren. Es por causa de ellos que los frutos son pequeños y las hojas no muestran su verde oscuro. La copa redonda necesita que se entresaquen algunas ramas para que los árboles florezcan y fructifiquen mejor.
Si tenemos en cuenta que a través del consumo de las naranjas agrias incorporamos vitamias A, B I, B2, B6, calcio, hierro y fósforo entre otros minerales; consumiríamos más naranjas agrias y cuidaríamos mejor los árboles. Las flores o azahares son muy perfumadas, tienen cinco pétalos y numerosos estambres. Con dos hojas de naranjos agrios y una taza de agua dejando reposar 5' se obtiene una infusión tranquilizante. Si le añadimos té verde obtenemos una bebida para bajar de peso.
El agua del Carmen o de azahares se hace con las flores de esta clase de naranjos. Alcanzan seis flores por taza para preparar una bebida sedante y carminativa dejándolas reposar 3’. Existen numerosas recetas para aliviar diferentes dolencias. Para bajar el colesterol, aconsejan comer las cáscaras y beber el jugo puesto que allí se concentran las sustancias benefactoras.
Una receta consiste en procesar las cáscaras, dejarlas macerar con azúcar durante unos días  y mantenerlas en un lugar seco. Otra dice que pueden hervirse las naranjas, pinchándolas para que suelten el jugo al que, guardado en la heladera y añadiéndole más agua, se reemplaza por las gaseosas. Las cáscaras, cortadas en juliana muy fina se las puede hervir y endulzar. Además, con las naranjas agrias se preparan los famosos dulces cuyas recetas aún mantienen los descendientes británicos de nuestra comunidad.
De estos naranjos agrios se extraen aceites para aplicarlos en masajes relajantes que reducen el estrés y otros preparados afrodisíacos.
Se aconseja recoger las flores y las hojas, secarlas extendidas y guardarlas en lugares secos y oscuros.
Los naranjos de nuestras calles enfermos, debilitados y estresados reclaman atenciones  y cuidados.

 


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