CRÓNICAS DE HURLINGHAM
Grevillea Robusta o Árbol de Fuego
UN ÁRBOL QUE SE ENCIENDE EN PRIMAVERA

Un texto de Gladys Ágüeda Coviello

Es uno de los árboles más deslumbrantes de nuestra ciudad llamado también roble de Australia, pino de oro y roble sedoso porque su madera es blanda y pardo amarillenta con lustre asedado.
  Dice una leyenda australiana que en otros tiempos, en los que el dios Biame disponía donde ubicar árboles, una mujer de la tribu darug del Este de Australia dejó a su pequeño en una cueva y se internó en el bosque para conseguir alimentos. Eran épocas de prolongadas sequías. Una tormenta imprevista le impidió continuar con su trabajo y volvió junto a su hijo. Cuando el temporal pasó, reinició su tarea dejando al niño en el mismo lugar. Anduvo muchas horas porque los frutos escaseaban y se perdió. En vano buscó el camino del regreso hacia el refugio. En su desesperación, cuando llegó la noche, fabricó antorchas con ramas y raíces y las

encendió para iluminar la senda perdida; así anduvo sin descansar hasta que cayó extenuada. Todo fue inútil. La joven madre murió y el dios apiadado hizo brotar en ese lugar un nuevo árbol con  hermosas flores de fuego. Por eso, cuando finaliza la primavera, se encienden las ramas con los colores de las llamas en rojo, amarillo y naranja. Es en esa época donde los aborígenes australianos recuerdan a la madre y su hijo a través de sus ruegos.
Es imposible dejar a admirar la belleza de los robles sedosos. Si desde un piso alto, observamos el corazón de la manzana ubicada entre las calles  Isabel la Católica, Remedios de Escalada, Juan de Garay y O’Higgins, nos llama la atención la presencia de nueve ejemplares. Parecería que existe cierta premeditación natural de esos árboles para instalarse en forma determinada. Frente al pasaje circular de Naciones Unidas, sobre la vereda de Isabel la Católica, hay un majestuoso pino australiano y atrás otro más que durante el verano ofrecerán las flores más singulares de todas las conocidas.  Las grevilleas robustas  proceden de Australia y llegaron a nuestro país en el siglo XIX. Se denominan así como homenaje a Charles Greville, uno de los fundadores de la “Horticultural Society de Londres”, y robustas por su corpulencia. Son ejemplares de veloz crecimiento.
El pino de oro o árbol del fuego florece en los últimos días de noviembre y están espléndidos en diciembre. Algunos ejemplares demoran su floración hasta el verano en climas más frescos. Sus flores asemejan cepillos con púas, de esos que se usan para peinar el cabello, y lo extraño es que se ubican sobre las ramas, sin tallos. Los racimos poseen pequeñas flores hermafroditas. Las amarillas están en la base que a la distancia semeja manchas de óxido y se prolongan en rojas encendidas. Su follaje es singular; cuando la planta empieza a brotar se parece a un frondoso helecho. Sus hojas son de color verde apagado, alternadas y pinadas.
 La grevillea robusta  prefiere pleno sol, poco agua y  resiste  las sequías.  Los frutos están en cápsulas que contienen una o dos semillas y el viento es quien las dispersa.
Dicen de él que es un árbol melífero y que su presencia puede causar dermatitis por contacto. Posee contenidos fenólicos y propiedades antioxidantes. Los aborígenes australianos utilizan una variedad de grevillea en su medicina tradicional para provocar abortos.
    Es un árbol de porte erecto y algo cónico, alcanza hasta los veinte metros de altura. Con su madera se fabrican toneles y se aplica en ebanistería: es decir en trabajos delicados para muebles. Se los planta para dar sombra a las plantaciones de té y café. Quiere terrenos drenados, ácidos o neutros, sin cal y puede estar al sol o a la semi sombra luminosa.
Se puede usar como planta de interior en un contenedor o aislado en los parques. Puede podarse ligeramente después de la floración. Resiste a las plagas y se multiplica por semillas con facilidad. Se adapta a la vida en alturas que no sobrepasen los  mil metros pero prefiere los terrenos llanos.
Hay bodegas que hacen trucos. En cubos de acero inoxidable echan astillas de esta variedad de roble para lograr el olor a madera de ciertos vinos. Son detalles en los procesos de la industria vitivinícola.
Se puede admirar otro ejemplar de grevillea que está junto a un sauce  sobre la vereda de la calle Güemes y mira hacia la entrada del Paseo Florido.

Fotografía: Un árbol de fuego en la calle Güemes, frente al Paseo Florido.

Contacto: gladyscoviello@yahoo.com.ar
Agradecimientos: A Toni Kraemer y José María Carcavallo.

 


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