CRÓNICAS DE HURLINGHAM

LOS ACEBOS Y MUÉRDAGOS DE NAVIDAD

Un texto de Gladys Ágüeda Coviello

Caminar por la vereda de Isabel la Católica y llegar a la esquina de Juan de Garay, es un placer. Los vecinos, que tienen su casa allí, son ejemplos de urbanidad. Jamás dejan basura sin embolsar; esa prolijidad reina en las veredas donde ubicaron varias plantas: rosas rojas  trepan por el poste de luz y encienden la falsa viña que lo abraza. Los paraísos sostienen rositas trepadoras que alternan con coronas de novias, una rosa china y un membrillero japonés. El evónimus nos invita a girar para encontrarnos con la aralia y jazmines: un azórico, otro celeste y el paraguayo. Muchas especies bien cuidadas y en armónico diseño. Es cerca de la azalea donde encuentro un acebo de hojas lisas y de porte bajo.
Cuando se acercaba Navidad en Barcelona, visitaba la feria navideña instalada en la plaza frente a la iglesia La Sagrada Familia, la genial obra de Gaudí. Allá, los puestos artesanales se especializan en diferentes elementos para armar el pesebre. Recuerdo uno que sólo ofrecía puentes y lagos. Miniaturas espléndidas. Otros dedicados a los  animales: corrales con ovejas y chiqueros con cerditos. Puestos con ramas de acebo, muérdago y flores de nadal, estrellas federales enanas. Comprobé mi error, el acebo no es el  muérdago.
El  acebo es un arbusto  de hasta 5 m de altura con follaje perenne y copa globosa. Es una planta rústica que exige pleno sol y soporta heladas intensas. Sus hojas simples están provistas de dientes espinosos en sus márgenes. Hay ejemplares variegados. En noviembre florece con pequeñas flores blancas y rosadas poco vistosas que nacen en las axilas de las hojas y fructificarán en bolitas rojas. Las espinas están en las hojas bajas mientras que las altas carecen de ella. Sabiduría para defenderse de los animales. Los urogallos, los mirlos y otras aves cuentan como único alimento  durante los meses de invierno con esas bayas rojas que asoman entre la nieve. En algunos países, el acebo está protegido y se recurre a las imitaciones plásticas para adornos navideños.
Entre las virtudes de este vegetal, están sus propiedades recomendadas para artríticos y reumáticos. Tiene sustancias febrífugas, sudoríficas, diuréticas y laxantes.
Para Alemania e Inglaterra, el acebo es símbolo de vida eterna porque no se marchita nunca. Los escandinavos consideran a esta especie como sagrada porque bajo su copa, en la antigüedad, se reunían los enemigos para sellar los tratados de paz. Los celtas consideraban que el acebo era símbolo de fertilidad y armonía en el hogar. El cristianismo cambió los símbolos del acebo: las hojas con espinas representan la corona de Cristo y los frutos rojos, su sangre.
El muérdago es una planta parásita original. Sus raíces se hunden en las ramas y en los troncos de otros árboles y se alimentan de la savia de ellos.
Los pájaros ingieren las cantidades justas de sus semillas blancas que luego vomitan sobre otros árboles y quedan adheridas gracias a su envoltura gelatinosa. Así surge una nueva planta. Se la encuentra en todo el continente europeo y parte del americano. Las bayas son tóxicas, más de diez frutos ingeridos pueden causar la muerte a una persona.

Es una planta eficaz contra la hipertensión arterial. Mejora el riego sanguíneo del corazón y del cerebro. Tiene propiedades antiespasmódicas y sedantes, diuréticas y depurativas. Últimamente se estudia su acción sobre los tumores. Los druidas afirmaban que estas parásitas tenían poderes mágicos para ahuyentar los demonios. -HCXC

CONTACTO: gladyscoviello@yahoo.com.ar
Agradecimientos: A María Luz Fontenla y Coco Carr

Epígrafe foto superior: Un acebo se luce en el prolijo jardín de la esquina de isabel la católica y Juan de Faray. Al acebo se lo suele confundir con el muérdago.


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