CRÓNICAS DE HURLINGHAM
EL SAUCE ELÉCTRICO DE SARITA
Un texto de Gladys Águeda Coviello.
En una reunión familiar, Sarita comentó que quería plantar en la vereda de su casa en Debussy al 2400 un sauce encrespado, eléctrico y pidió a su marido que lo consiguiera. César demoraba la compra del árbol porque él prefería un sauce llorón. Un cuñado, que escuchaba la conversación, definió la elección y para el cumpleaños de Sarita, apareció con un ejemplar pequeño muy enrulado.
Les informaron que para crecer rápidamente requería el suelo húmedo en forma constante. Su dueña le dio dos veces al día 20 litros de agua que el sauce agradeció y apuró su desarrollo. Ahora devuelve los cuidados con su porte movedizo y majestuoso. Es imposible pasar por su lado sin admirarlo. Contemplarlo es intuir los cuidados y el cariño que le profesan sus dueños. Si bien César aceptó esta variedad tortuosa, él es quien se encarga de la poda correcta en el tiempo indicado.
El sauce de Sarita se llama salíx matsudana en honor al botánico japonés Sadahisa Matsudo que describió la flora de China. Se distingue del sauce llorón porque sus ramas retorcidas, enrolladas o espiraladas parecen creadas por la diversión de algún duende. Las hojas son caducas, es decir que el árbol se desnuda en el invierno.
Un enorme sauce llorón mira pasar los trenes del San Martín desde Remedios de Escalada a pocos metros de la avenida Vergara. Se ubica el origen del sauce llorón o babilónico en Babilonia cuyas ruinas están cercas de Bagdad, la capital de Irak. Dice una leyenda que los hebreos colgaron sus armas en las ramas de los sauces cuyas copas eran diferentes, no caídas. Esa actitud fue señal de luto al perder la batalla y al ser esclavizados por los babilónicos. El dolor de los hombres y el llanto de las mujeres doblaron las ramas de esos árboles que provienen del Asia central.
Los sauces alcanzan más de 12 m de altura. Quieren climas templados, aunque los he visto en zonas subtropicales de nuestro país, pero siempre en las cercanías de acequias o ríos. Su follaje particular está formado por ramificaciones delgadas, alargadas y colgantes que pueden llegar a acariciar el suelo y aumentan su belleza, por esa razón se los ubica cerca del agua donde producen efectos bellos con sus movimientos.
Las hojas lanceoladas son de color verde oliva en la parte superior y en el envés gris plateado. Las flores pequeñísimas, masculinas y femeninas están ubicadas en espigas. Se reproducen con facilidad por estacas.
Loa asirios y babilónicos, mucho antes de nuestra era cristiana, conocían las bondades medicinales del sauce quienes decían que “la naturaleza coloca siempre el remedio al lado del mal”. Relacionaban la ubicación de los árboles próximos a los pantanos con el poder contra las enfermedades de la malaria o paludismo y los dolores reumáticos.
Se utilizan la corteza, las hojas y las flores. De la corteza se obtienen sales y minerales, además materias colorantes.
Félix Hoffmann, un químico del laboratorio alemán Bayer, en el siglo XIX obtuvo un extracto derivado de la corteza del sauce y le dio a probar a su padre que sufría de reuma. Era el ácido acetilsalícilico que conocemos como aspirina. Este fármaco sigue siendo el más usado en el mundo para aliviar dolores y detener la fiebre.
Las flores, en infusiones, actúan como sedantes y alivian el insomnio. Con el zumo de la corteza se preparan desinfectantes para la piel y las mucosas. Usando las dosis adecuadas con preparados directos de la planta, no producen gastritis. La generosidad de los árboles nos exige prestarles más atención y cuidarlos con el cariño de quienes prefieren vivir en Hurlingham a pesar de las muchas carencias que tiene de nuestra ciudad. - HCXC
Epígrafe de la foto: Enrollado. El sauce eléctrico de la calle Debussy al 1.400. Se distingue del sauce llorón por sus ramas enrolladas.
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Agradecimiento: a SARA DE LUCA |