EL TÚNEL DEL TIEMPO
St. Hildas’ College
UNA HISTORIA ESCRITA POR MUJERES
Los nombres de una institutriz inglesa y una santa que fue abadesa en la edad media, quedaron unidos para dar forma a este importante colegio de Hurlingham.
El colegio Santa Hilda hoy es mixto. En sus espléndidas instalaciones muchos alumnos varones cursan desde el jardín de infantes hasta el secundario. Es dirigido por un hombre, el señor Ewan Macdonald. Pero durante mucho tiempo fue un colegio de mujeres, con un alto porcentaje de alumnas pupilas. La historia de este tradicional instituto de Hurlingham está fuertemente ligada a las vidas de esas jóvenes que pasaron por sus aulas y especialmente a las de dos mujeres que existieron en épocas muy distantes: Hilda de Whitby, vivió en Inglaterra en la edad media, dio al colegio el nombre y el ejemplo. Mabel Holland residió en Buenos Aires durante las primeras décadas del siglo veinte, fue su fundadora y primera directora.
Antes de ocuparse de la educación de las hijas del reverendo Joseph Thomas Stevenson, canónigo de la Iglesia Anglicana y fundador del colegio San Jorge de Quilmes, Mabel Holland había llegado desde Inglaterra para trabajar como institutriz con una familia del barrio de Belgrano.
Como el San Jorge era un colegio de varones, a comienzos de 1912 el reverendo Stevenson le sugirió a la señorita Holland la creación de un colegio para niñas con internado. Así surgió Cricklewood, que se inició con doce alumnas pupilas y las cuatro hijas de Stevenson, como alumnas externas.
Con los años el número de pupilas creció y el colegio siguió prosperando hasta que a fines de 1923 una epidemia de fiebre tifoidea hizo estragos entre las alumnas. Muchos padres retiraron a sus hijas del colegio, y en los años siguientes las consecuencias económicas pusieron en riesgo su continuidad.
El obispo Every ofreció hacerse cargo de la situación, compró una propiedad en Hurlingham y nombró como primera directora de la nueva institución educativa a la señorita Holland. La educadora continuó en ese cargo hasta el año 1937 cuando regresó a su país natal.
Thora O’Dwyer fue pupila en Quilmes, sus hermanos estudiaban en el St. George’s. Ella vivía al lado del colegio de varones, cuando cruzaba los jardines, los alumnos le daban cartas de amor para que les llevara a las chicas. Thora también recuerda que como no les gustaba la comida que les servían en Cricklewood, se la daban al perro por abajo de la mesa, luego el perro desapareció y no les quedó más alternativa que comerla.
En Hurlingham el colegio cambió el nombre de Cricklewood por el de St. Hilda's College, en honor a Santa Hilda, una de las primeras educadoras inglesas del siglo VII, cuyo ejemplo de vida, plasmado en el lema: "Laborare est orare", sería fuente de inspiración para los futuros alumnos y docentes.
Con la numerosa colectividad inglesa de Hurlingham el colegio creció, muchas alumnas también llegaban utilizando el servicio del ferrocarril.
A partir de 1929, además de los estudios primarios y secundarios en lengua inglesa, el colegio ofreció el ciclo completo de la escuela primaria con reconocimiento oficial.
En 1961 la institución se constituyó en una asociación civil. En 1968, se abrió el colegio secundario con estudios reconocidos oficialmente, y en 1974, se aceptaron los primeros estudiantes varones.
Hasta la década de 1990 el colegio tuvo alumnas pupilas. Muchas venían de estancias lejanas o de países vecinos. La educación era estricta, en invierno hacía mucho frío, no tenían calefacción y en ocasiones las enfermeras para alejar las enfermedades hacían dormir a las alumnas con las ventanas abiertas.
La convivencia estrechaba los vínculos entre compañeras y transformaba a las amigas en casi hermanas. La mayoría de las profesoras tenían una relación muy afectuosa con las estudiantes.
Una ex-alumna, Shirley Gough, recuerda al pingüino embalsamado que las chicas llevaban como mascota cuando salían a jugar hockey con otros colegios y lo estricto del régimen de convivencia. Se tenían que bañar rápido, y no podían hacerlo todos los días, sólo podían lavarse el pelo una vez a la semana. Los domingos se vestían con uniforme y sombrero y las dividían entre católicas y anglicanas. Después marchaban en fila hacia las dos iglesias, luego de cruzar las vías, se dividían tomando distintos caminos. Algunas chicas anglicanas llegaron a pensar en convertirse al catolicismo porque en misa había muchos chicos de Hurlingham.
Elspeth Storey de Skinner vive desde hace alrededor de 50 años en Escocia, la entrevistamos cuando estuvo recientemente en Hurlingham. La casa primitiva que se compró para construir el colegio perteneció a su abuelo, Jack Douglas. Ella recuerda sus años de alumna pupila y también las caminatas en fila hasta la iglesia San Marcos con uniformes y sombreros: “nos sentábamos como si fuéramos ángeles, con la cabeza hacia adelante porque no podíamos mirar para los costados, la directora miss Bolden era muy estricta. Con mi amiga Mary Clark teníamos un lenguaje de señas, buscábamos si estaba John, un joven que era muy buen mozo, yo miraba disimuladamente hacia un costado y Mary hacia el otro. Si él estaba nos tocábamos la oreja, si no, el ojo. John iba muy seguido a la iglesia, luego se casó con la hija del sacerdote, quizá ese era el motivo por el que iba tan seguido”.
Elspeth vivía en una estancia en Córdoba, guarda en su memoria el día que vino a Hurlingham para quedarse como pupila en el St. Hilda’s: “Llegamos tarde, yo estaba vestida con el uniforme pero no quería ir al colegio. Mi padre que vivía en el campo y había manejado toda su vida por caminos de tierra, al entrar por la calle Isabel la Católica, que todavía no tenía asfalto y estaba embarrada, se encajó. Me puse a empujar el auto y quedé totalmente cubierta de barro, me tuvieron que llevar a cambiarme, así pude estar unos minutos más con mis padres. Después en el colegio estuve muy bien, había mucha amistad entre las pupilas, en ese momento todas debían hablar inglés y ser familiares de británicos”.
Maureen Hjelt también fue pupila aunque su familia viviera en Hurlingham, sus padres eran ingleses y querían que ella tuviera una educación tradicional. Como todas las entrevistadas, coincide en recordar los buenos momentos que vivió en el colegio. “Para pasar el tiempo comprábamos caramelos masticables Sugus y chocolates, los derretíamos sobre una estufa de querosene y los comíamos untados en pan. A veces nos escapábamos, cruzábamos hasta la pileta de natación y nadábamos estilo pecho para no hacer ruido”.
Pasó mucho tiempo desde aquellos primeros días en Quilmes. En el año 2012 el St. Hilda’s College festejará su centenario. Para ese acontecimiento comenzaron a preparar un libro que contará su historia. Una historia que hablará de compañerismo, de exigencias, y sus principales protagonistas, por supuesto, serán mujeres. - HCXC
Por Eduardo Fortunato
AGRADECIMIENTO: A Lorraine Colvill-Jones
(Clickear sobre las imágenes para ampliar.)

Ayer y hoy. Foto superiorVista actual del St. Hilda’s.
Foto 2: Imagen del antiguo Cricklewood en quilmes que fue su inicio.
Actualmente están preparando un libro con la historia del colegio
para el centenario que se celebrará en 2012 y piden a las ex-alumnas que se contacten.

Mabel. Mabel Holland era institutriz.
Fundó el colegio y fue su directora.

Hilda. Hilda de Whitby vivió en Inglaterra
durante la edad media.
El colegio tomó su nombre y su ejemplo.
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Un largo camino. Arriba: Las alumnas del Sta. Hilda con el antiguo
uniforme
que utilizaban para la práctica de deportes..
Abajo: Una de las casas
en el interior del colegio donde se hospedaban las pupilas.
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Imágenes actuales del colegio.
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