CRÓNICAS DE HURLINGHAM

EL JAZMÍN MAGNO DE LA CALLE WILLIAMS

Un texto de Gladys Águeda Coviello

Luisa comentó que en el jardín ubicado a la entrada de su casa tiene un árbol único, inexistente en nuestra ciudad y me invitó a contemplar su belleza. Dijo haberlo traído de Entre Ríos. Cuando fui, me sorprendió encontrar un ejemplar idéntico al que adornaba el jardín de mi casa tucumana que me atraía no sólo por su perfume sino por la belleza de las flores arracimadas en la copa. Me gustaba cortarlas. Me molestaba la sangre blanca que surgía en abundancia del tallo grueso que las reunía y recuerdo que siempre las llevaba para adornar el living: por su perfume, por sus colores. Para cumplir con lo que prometiera a esta amable vecina, fui hasta el instituto Miguel Lillo de la Universidad Nacional de Tucumán cuya biblioteca tiene excelente material sobre los árboles. Por algunas calles de la ciudad norteña encontré ejemplares de jazmines aún con flores, eran los últimos perfumes del verano.
El sol despiadado sofocaba la mañana de marzo, pero ya en el salón climatizado, el ambiente me incitó a investigar y encontré lo que buscaba: datos del frangipani. Así se llama ese jazmín magno o mango. También se denomina plumería rubra en recuerdo del misionero y naturalista francés del siglo XVII, Charles Plumier a este árbol pequeño que puede alcanzar hasta seis metros de altura; su corteza es delgada grisácea y las ramas son gruesas. Las hojas grandes y lanceoladas tienen una nervadura central. Es estimado como ornamental por la hermosura y el perfume de sus flores. En América se desplazó hacia regiones cálidas desde su lugar de origen: México y abunda en el Norte de nuestro país en las regiones húmedas y cálidas. Su uso es decorativo porque  las flores numerosas se reúnen en la copa. La variedad tricolor es la que está ubicada en la calle Williams 2430. Las flores grandes tienen los bordes rosados, se vuelven amarillas en el interior y terminan con manchas blancas en el centro.
Al cortar las ramas se desprende abundante latex que junto a las flores se usa en medicina.
También se la llama frangipani porque su perfume es muy parecido a uno que preparaba el marqués Muzio Frangipani para las exigentes reinas francesas.
En Oriente es una flor armonizadora y se las coloca en los templos hindúes con fines especiales.
Los collares de las hawaianas están hechos con ellas y simbolizan buenos augurios y son señales de bienvenida. En Java se las usa para agasajar a los huéspedes.
Los cultivos se han extendido hacia el Asia tropical. Se propaga por esquejes de gajos. Se colocan los vástagos en recipientes con arena y poca humedad. Cuando enraizaron, en nuestros jardines, conviene orientarlos hacia el Norte, contra una pared, a media sombra en verano con un suelo suelto y buen drenaje.
Dicen que es una flor armonizadora porque posee las siguientes bondades:
Colocadas en las habitaciones y aspirando su perfume da coraje.
Permite ver cómo somos realmente con nuestras virtudes y defectos.
Lleva luz a nuestro interior y rescata nuestros talentos ocultos.
Fortalece los ánimos cobardes.
Ayuda a enfrentar sombras y miedos.
Infunde fortaleza a nuestros proyectos.
Para usarla como flor de rescate es necesario contar varias flores y colocarlas cerca de nuestra cama. Surgirán sueños a los que se debe atender y descifrar puesto que tienen la virtud de destapar lo oculto y reprimido.
Aconsejan tener ramos en el interior de las viviendas para alejar miedos y ataques de pánico.
Afirman que estas flores mejoran la convivencia de los moradores.

Aún si careciera de estas virtudes, este árbol tropical que acepta nuestro clima, es digno de nuestros jardines.. - HCXC


CONTACTO: gladyscoviello@yahoo.com.ar
AGRADECIMIENTOS: a LUISA ONEL y alumnos de la UNT.

Epígrafe de foto: Tropical. El jazmín magno es originario de México. Al ejemplar que está en Williams al 2.400 lo trajeron de Entre Ríos.


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